Alfama y Graca, una vista panorámica de la ciudad de Lisboa

Principales lugares de interés en Lisboa

¿Cansado del día a día? ¿Necesitas un respiro? Si eres de los que aprovechan cualquier descanso para huir de la rutina diaria, te propongo una de las escapadas turísticas favoritas de los españoles sin salir de la Península Ibérica. Me refiero, como alguno habrá intuido, a visitar Lisboa.

Si no dispones de largas vacaciones para esta escapada, no te preocupes. La capital portuguesa es digna de largas escapadas y tranquilos paseos, pero también nos permite descubrirla en poco más de un fin de semana. Así que ve anotando estas breves pinceladas sobre la Ciudad de la Luz —sí, como París— y toma en consideración la oportunidad de visitar Lisboa.

La ciudad tiene un clima agradable, fruto de su cercanía al mar. Es recomendable en primavera y verano para asegurarnos el buen tiempo, aunque conserva su encanto incluso en los lluviosos meses de otoño e invierno. Su aeropuerto recibe numerosos vuelos a diario, la oferta de hoteles es muy amplia y sus precios son asequibles a cualquier bolsillo.

¿Aún necesitas más excusas para visitar Lisboa?

Un poco de historia

La capital lusa es una de las  más antiguas de Europa. Con casi cuatro siglos de antigüedad más que la propia Roma, la historia de Lisboa va ligada a su posición estratégica sobre la desembocadura del Tajo. No obstante, esta abertura natural al Mundo y el afán comercial de sus habitantes hacen de ella una urbe cosmopolita y amable al visitante.

Con períodos de ocupación fenicia, romana, germánica, musulmana e incluso española, no hace falta remarcar que sus calles suponen todo un regocijo para los amantes del arte. No tendrás excusa para no dejarte sorprender por la Torre de Belém, la Catedral de Santa María la Mayor -Sé de Lisboa- o el Castillo de San Jorge, que atestiguan la antigüedad de la ciudad y su relación con el descubrimiento del Nuevo Mundo.

Lisboa sufrió un terrible terremoto en 1755, viendo cómo se destruía gran parte de la ciudad. Aún así, la Ciudad de la Luz supo salir del debacle y reconstruyó un nuevo modelo de ciudad moderna, agradable y desarrollada que, con la evolución correspondiente, ha llegado a nuestros días y se puede disfrutar en cualquier escapada.

Un paseo por sus calles

La mejor manera de visitar Lisboa y conocerla es, simplemente, recorriendo sus calles. Más allá del tópico de ciudad decadente y oscura -que se cumple, no os quepa la menor duda-, Lisboa ha sabido hacer precisamente de este tópico uno de los aspectos más entrañables de su encanto urbano.

Barrios de obligado recorrido son el Chiado, el Barrio Alto, la Baixa Pombalina o el Rossio. En este último se encuentra la plaza del mismo nombre, punto de encuentro principal de la ciudad y uno de sus  lugares más populares. Desde allí podremos llegar rápidamente a la Baixa Pombalina y tomar el Elevador de Santa Justa, una estructura parecida a la parisina Torre Eiffel que nos llevará al Barrio Alto y al Chiado.

Esta última fue una zona aristocrática de Lisboa, donde nos encontramos con varias iglesias y el Teatro Nacional. Actualmente en decadencia, conserva sin embargo el espíritu de los cafés y las librerías del Siglo de las Luces de Lisboa. Precisamente una de las visitas obligadas es el café A Brasileira, junto a la Plaza Luis de Camoes.

¿Estás esperando alguna referencia al tranvía? Por supuesto, visitar Lisboa significa montarse en su tranvía. Podemos, por ejemplo, coger el 15 para ir al barrio de Belém, junto al Tajo, y ver su popular Torre, el Monumento a los Descubridores o el Monasterio de los Jerónimos, este último Patrimonio Mundial. Desde la propia Torre de Belém podremos observar otro de los edificios más típicos de Lisboa: el Puente Vasco da Gama. Con más de 17 kilómetros, es el más largo de Europa.

Si contamos con más tiempo, podemos disfrutar del Museo Nacional de los Coches, del Museo Nacional de Arqueología o del Oceanário, uno de los más grandes de Europa.

La gastronomía lisboeta

¿Qué sería de una viaje a cualquier lugar del planeta sin su correspondiente experiencia gastronómica? Portugal en general, y Lisboa en particular, pueden sorprender incluso al paladar más experimentado. No dejes de probar las migas de Alentejo, el cocido a la portuguesa o el caldo verde, preparado con patata y col. Si eres menos arriesgado, cualquier caldereta de marisco o pescado te servirá para empaparte del sabor de sus aguas. Eso sí, el bacalao es obligatorio. De la manera que cada uno guste, este pescado es un símbolo en Lisboa y ofrece multitud de variantes.

Ten mesura con la comida y deja algo para el postre. Como turista aventajado debes probar los pasteles de Belém, las peras al vino o los confites de naranja.

En definitiva, visitar Lisboa es un placer. Ya desde que el turista llega a la ciudad se topa con un encanto innato, un ambiente amable y un halo de misterio que lo arrastrará hacia sus calles y sus plazas. Aquí unas pinceladas de ellas. El resto queda en vuestras manos…

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