Masaje relajante con piedras volcánicas

Tres tipos de masajes relajantes que te sorprenderán

Tumbarse, cerrar los ojos, respirar hondo… y disfrutar. ¿A quién no le encanta dejarse cuidar por unas manos expertas y olvidarse, durante un rato, del ajetreo del día a día, del estrés y de las preocupaciones? Hacerse un masaje relajante es, sin duda alguna, una de las mejores maneras de conseguirlo, y por ello hoy queremos hacer hincapié en los múltiples beneficios que ofrece mimarse de vez en cuando.

Quizá el más evidente es la relajación: los masajes son perfectos para liberar la tensión corporal y conseguir que se relajen los músculos. Además, hay estudios que demuestran que un buen masaje reduce la presencia de cortisol, una hormona que producimos como respuesta al estrés: por tanto, también es eficaz para controlar episodios de ansiedad e incluso estados depresivos.

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Al ayudarnos a controlar el estrés, los masajes también influyen en la respuesta del sistema inmune y endocrino y ayudan a dormir mejor porque reducen la presión arterial y pueden aumentar las ondas delta del cerebro.

Su función relajante hace que sean un buen remedio contra el dolor, especialmente el lumbar, porque combaten la rigidez muscular y mejoran la movilidad del cuerpo. Además, también ayudan a disminuir la intensidad y la frecuencia de los dolores de cabeza, porque hacen que dejemos de estar en estado de alerta de forma constante.

¿Ya te hemos convencido de lo bueno que es hacerse un masaje relajante? Entonces, espera a descubrir cuáles son los más sorprendentes. No sabrás por cuál decidirte, ¡ya lo verás!

Los masajes relajantes que más te sorprenderán

Técnicas con las que hacerse un masaje relajante hay muchas, algunas más conocidas y otras menos, pero todas con sus características propias: algunas ayudan a relajarse, otras a tratar lesiones, las hay que promueven la relajación… Y de estas últimas, hoy queremos destacarte tres que seguro que no conoces. Pero te avisamos ya que, cuando las descubras, ¡no podrás evitar probarlas! ¿Vamos allá?

#1 Masaje lomi lomi nui

Este masaje de origen hawaiano nace de las tradiciones espirituales de Polinesia y busca relajar tanto el cuerpo como la mente. Para ello, se trabajan varias partes del cuerpo a la vez: a nuestro cerebro le cuesta concentrarse en dos áreas distintas del cuerpo y, por tanto, se deja llevar por las sensaciones. Hacerse un masaje lomi lomi es como dejarse abrazar por las olas del Pacífico. ¡Te sorprenderá!

Este masaje está indicado para aliviar el estrés o estados depresivos, para mejorar la capacidad respiratoria, conseguir más flexibilidad y movilidad articular y estimular la circulación sanguínea.

#2 Masaje balinés

El masaje balinés tradicional combina muchas técnicas: acupresión, estiramientos, reflexología, baños medicinales… En Bali es una terapia de sanación que se combina con la medicina tradicional para hacer que las personas se sientan mejor tanto por fuera como por dentro.

Los masajes relajantes basados en esta técnica suponen un placer para los sentidos: se trabajan todos los músculos del cuerpo mediante amasamientos, pinzados rodados, masaje con los pies, presiones palmares… El objetivo es conseguir un buen flujo sanguíneo en todo el cuerpo, para que la energía fluya con libertad a través del organismo.

Además, en este tipo de masaje, se utilizan aceites naturales, cuyo papel es el de crear un ambiente íntimo que favorezca la relajación. Al aplicarlos con determinada presión, favorecen el flujo sanguíneo y ayudan a que el masaje sea más fácil de realizar, otorgando un tacto sedoso a las manos del masajista.

El masaje balinés está indicado para tratar el dolor muscular de la espalda, favorecer el ritmo cardíaco, aliviar migrañas y trastornos de sueño, drenar la circulación, reducir el estrés y la ansiedad o incluso dolores articulares.

#3 Masaje con piedras volcánicas

Pese a que hacerse un masaje relajante con piedras pueda parecernos una novedad, lo cierto es que esta técnica es bastante antigua: es más, se trata de una de las prácticas más antiguas que existen. Para llevarla a cabo se utilizan piedras calientes, a unos 50º, y frías, cuya temperatura se sitúa en torno a los 8º.

La combinación de ambas piedras permite un trabajo dinámico, que consiste en masajear activamente con las piedras, y un trabajo estático, en el que las piedras son colocadas en puntos concretos del cuerpo para ejercer su terapia mediante frío o calor.

El uso de calor hace que mejore el riego sanguíneo; la temperatura provoca un leve dolor placentero que se extiende poco a poco por el cuerpo y contribuye a relajar los músculos a un nivel más profundo; el frío, por su parte, es vasoconstrictor y ayuda a reducir los procesos inflamatorios y el dolor.

Este masaje está indicado para tratar el dolor crónico, las migrañas y el estrés, así como trastornos del sueño, problemas de circulación, artritis o artrosis, entre otros. Sin ninguna duda, hacerse un masaje relajante con piedras volcánicas es perfecto para mantener un estilo de vida saludable.

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